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lunes, 22 de octubre de 2007

Como decía Harrison













Bienvenidos al festín cíclico
de las vanidades condescendientes,
de ustedes, almas por colores asustadas.
Es el camino hacia la exclusividad.
Vaguen por el desierto cuarenta años,
comiendo maldad caída del cielo,
retiren la palabra a falsos ídolos, y
tierra prometida: defínanse orgullosos.

El árbol de la ciencia, sea tal vez de levas.
Razonen la dificultad de servir juntos,
como un racimo de aneurismas,
a la imparcial razón del universo.
Imposible es el entendimiento
por mucho que se calen las olivas
de su teleoscopio.
Uno no es más que un párrafo al azar
de un tratado metafísico.


EDUARDO GONZÁLEZ GARCÍA

sábado, 23 de junio de 2007

PAN Y CIRCO




Necesito
mi pan y mi circo,
maniáticos impulsos,
psicofármacos ordenados por colores
y formas de administración
de una rutina
tan perpetua como imprescindible.

Si no moviese siempre un pie tras otro,
sería como parpadear a destiempo.
Si negase las cicatrices de mi piel,
las partículas de arena y polen
de mi escenario,
sería como evadir los únicos impuestos que recaudo
para sostener mi alba neuronal.
Sería entonces,
vestido con raída cosmovisión,
cuando la esquizofrenia me helaría
los huesos,
volviendo mi sangre
mercurio intermitente,
aguda sensación de príncipe destronado
acreedor de mil piezas
que no encajan,
jamás.


Eduardo González García

jueves, 7 de junio de 2007

ME ESTOY ACOSTUMBRANDO A LA ESTRIDENCIA





Me estoy acostumbrando a la estridencia.
Hoy mismo,
la moral huyendo hacia delante,
el piso rojo
sin baldosas paralelas,
el estudio interrumpido por blancas huellas resonantes
en la impresionada alma mía.
Sigo reuniendo testimonios,
palabras cruzadas,
confluyentes en lo que juzgo verdad.
Y falto aún yo de baluarte,
no puedo profanar lo naranja de las farolas
por miedo a su ofensiva de luz.
Evito la confrontación,
despreciando el resultado,
cediendo mis acciones a otros músculos,
volviéndome de espaldas
mientras suena esa melodía desacompasada,
que tanto odio.



Eduardo González García

sábado, 28 de abril de 2007

ESPERANZA







No recuerdo la esquina
donde dejé de seguirte.

Pero sé que atravesé las calles,
con las manos llenas
de prejuicios
y metidas
en los bolsillos.

En mi piel hay
olores remanentes de
todo aquello:
partículas de la misma volatilidad
que mi voluntad de abandonarte.

Caminaba frenético
sobre tu estela gris
que interrumpían sólo los pasos de cebra.
Yo entonces,
saltaba,
presa del -blanco- pánico.

Y en uno de esos nerviosos ejercicios
de supervivencia,
tropecé,
saqué las manos,
y se liberaron de oscuridades
en mi caer amortiguado.
La lógica había raspado mis palmas,
trasladándose un grave dolor
desde la tierra a mi alma,
como en un circuito cerrado
de cuya existencia acababa de ser informado.
Y si el crío se duerme
con el pulgar en la boca, yo
desperté con cicatrices en
los párpados.


Eduardo González García

lunes, 16 de abril de 2007

NOS QUITARON EL SEMÁFORO QUE NO LLEVA A NINGUNA PARTE





Desandando la tarde,
mi amigo y el suyo
flirtean con los carteles
que anuncian cine,
de vuelta a casa.
Cambiando de acera
como de cara se cambia un disco
cuando lo trazado
ha fundido a negro.

Nos quitaron el semáforo
que no lleva a ninguna parte,
sustituyéndolo
por el orden lógico de las cosas
del que nos reíamos
cruzando allí la calle;
nos jugábamos el tipo y la noche
discutiendo en mesas con salpicones
de café con leche
para tener el honor
de regresar por caminos improvisados.
Y alguien ebrio de angustia y estrés
colocó allí un becuadro
a nuestra melodía privada.


Eduardo González